Juguemos en el bosque que el lobo no está

 

Recursos en psicoanálisis :

creatividad, sublimación, elaboración

 

 

Lic. Alicia Rut Levin

Psicoanalista.Miembro de la AEAPG

Septiembre del 2001

E-mail: alevin@fibertel.com.ar

 

 

         Este escrito solo me separa cronológicamente cinco días del bombardeo a N.Y . Me pregunto ¿qué se habra modificado en la escritura antes y después de este episodio? Recordé que me invitaron a pensar en ciertos términos; creatividad, sublimación y elaboración, alrededor de la teoría de Winnicott. Entonces pensé en la bombas tiradas sobre Londres, bombas que él escuchaba caer en las calles desde la Asociacion Psicoanalítica Inglesa.

         Los términos “temor al derrumbe”, “sobrevivir a la agresión”, “caída sin limite”, fueron acunados por este autor a partir del texto y contexto bélico de la segunda guerra mundial. Solo se modificó la tecnología, puesto que la imagen y el sórdido silencio de la muerte y el terror se multiplicaron.

 

         Intentaré realizar algunas puntuaciones que giren en torno a la noción de creatividad en Freud, pero solamente para diferenciar el mismo término desde la teoría de Winnicott.

         Freud en su autobiografía califica el reino de la imaginación como una reserva, creada durante el doloroso pasaje del principio de placer al principio de realidad, para proporcionar un sustituto de satisfacciones pulsionales a las que se tuvo que renunciar en la vida real.

         Freud considera entonces posible la realización de una actividad recreativa y placentera. Ya en 1908 expresa que todo niño, al jugar, se conduce como un escritor puesto que crea un mundo a su antojo. Mejor dicho, acomoda el mundo de una manera que le place, de ahí que pensemos que, lo contrario de juego, no es  aquello denominado serio, sino la realidad.

 

         Sabemos que el inconsciente juega con las palabras, el chiste juega con las palabras, la interpretación juega con las palabras, la poesía juega con las palabras. No podríamos no ver el nexo que une a estos juegos, no podemos negarnos a comprobar que el texto que surge, que se teje, es de la misma naturaleza.

         A Winnicott le corresponde el mérito de haber profundizado la noción de creatividad ligada a experiencia cultural. Dicho autor ubica, junto a la realidad psíquica y la realidad externa, un tercer lugar llamado espacio potencial. Es esta parte de juego o creatividad la condición de verdad de un sujeto. Si faltan el juego y contrajuego materno, la transición de la dependencia a la independencia se ve obstaculizada.

         Por ahora podríamos decir que superar el trauma, según la teoría de nuestro autor, sería, por ejemplo, la realización de una producción artística. Supone esto la capacidad de re-crear la experiencia inicial del desamparo.

         Hay  hombres que pese a sus dotes no logran producir y que tampoco consiguen librarse de lo que fue precozmente una realidad  destructora para ellos. Otros logran transponer el terror en creación merced a un deseo de reparación. Y por último, otros siguen prisioneros del trauma, repitiéndolo monótonamente. El no poseer un lugar de reserva para la fantasía hace que “lo fantástico”irrumpa.

En estas circunstancias falta otra escena para que pueda desplegarse el juego.

         Nos preguntanos ¿cómo el horror y el desamparo pueden formar lo que constituirá el material para la creatividad y el juego? Lejos de encontrar respuestas, me dedicaré  a  tomar estas cuestiones en las cuales la creatividad y los recursos terapéuticos y elaborativos se hacen presentes.

         Winnicott nos dice  que la creatividad está referida al enfoque de la realidad que hace el individuo. Es un impulso creador que se puede entender como la “cosa en sí misma”. Está presente tanto en el bebe como en el anciano y guarda relación directa con el vivir mismo.

         A la pregunta acerca de cómo se origina el impulso creador, responde nuestro autor que quien lo crea, es en sus orígenes el bebé. Es él quien crea el objeto. La paradoja consiste en que realmente dicho objeto fue puesto allí por un “otro”.

         Jugar es “hacer” y eso lleva tiempo. Este devenir paradojal entre la omnipotencia del primer objeto (que fue creado mágicamente por el bebe ) y el otro, que es en realidad su creador, va ir cediendo hacia la instalación de un “espacio de ilusion –desilusion” que separa y une a la vez. La permanencia en esta unión-separación está asegurada por ese marco que es la función materna. Esta experiencia creativa consiste en el gesto espontáneo del bebe, en su actividad. Algo que nuestro autor denominaría, “el tener desde el comienzo algo que empujar” y no un “objeto consuelo”.

         Winnicott afirma que en un espacio psíquico desinvestido no hay lugar para la representación imaginativa. El blanco del espacio psíquico o “madre muerta”, lejos de poder crear el objeto fantaseado lo suplanta llenando su agujero con un cúmulo de imposiciones y deberes.

         La importancia que este autor otorga al papel de la función materna en la creatividad, se debe a la dependencia del sujeto de la necesidad de vivir una confianza y una seguridad a nivel de su ser. La zona informe, de descanso, el garabato, el juego son equivalentes para el sujeto al entrar en el sueño. La actividad es un juego al igual que el chiste. La seriedad corresponde al yo, algunas veces al falso self.

         La polisemia del lenguaje, su capacidad para el doble sentido y la ambigüedad, su disposición para el cambio brusco del plano semántico constituyen mecanismos y movimientos conocidos desde la antigüedad y reencontrados en el corazón del psicoanálisis.

         Si el fort-da hace desaparecer con júbilo, en el movimiento del carretel, aquello que se perdió, logrando recrear la ausencia, pasemos ahora a pensar la paradoja que nos propone Winnicott como fundante del juego y de la elaboración de lo traumático.

         En la “ilusión-desilusión” dedicada a los primeros objetos, existe una operación simbólica realizada con un acompañamiento motriz, de sentimiento poderío sobre el objeto transicional. Decir, arrojar, se convertirían en sinónimos en el sentido que tiene el concepto de desilusion para el aparato psíquico. Deberíamos pensar en un parentesco entre la destrucción y el juego de arrojar y dejar caer cosas. Esto implica una relación de unión y separación ahora simbolizable.

         Conviene en este momento recordar que para Winnicott el objeto transicional es posible deslizarlo desde el dominio omnipotente y de lo mágico a otra forma de dominio, creando un nuevo espacio de despegue de lo concreto con el paulatino desinvestimiento del cuerpo de la madre.

         A esta altura del desarrollo de estas ideas es necesario hablar del significado que tiene para Winnicott la relación entre agresión, amor, objeto y creatividad.

 

         El potencial agresivo es equivalente a energía vital, es el “elan vital” del que nos habla Bergson. Es sinónimo de actividad, de motricidad y constituye la fuerza que va hacia el encuentro con el objeto. Esta fuerza constituye el “gesto espontáneo”, es preintencional, es decir su cualidad no tiene el propósito de destruir, forma parte del amor, La potencialidad destructiva dependerá de las características del objeto, es decir, si el objeto sobrevive a este impulso agresivo o reacciona defendiéndose del mismo.

         Es por eso que en el planteo lógico de los fenomenos transicionales este objeto seleccionado tendrá que poseer la condicion de soportar la ternura y la agresion, ya que lo transicional no es el objeto sino su aptitud de ser confiable. Allí el bebe experimenta el vivir creador junto con la diferenciación “yo - no yo”.

         Es este objeto la primera experiencia de zona intermedia y de puente de la iniciación progresiva de una ausencia creativa. No es plenamente perteneciente al afuera ni totalmente correspondiente a lo interno. Lo podemos pensar desde la condición de terceridad como rasgo imprescindible en la creatividad.

 

         Existe un desarrollo que va desde los fenómenos transicionales al juego, de éste al juego compartido y de él a las experiencias culturales.

         La sublimación para este autor depende de un momento posterior al del gesto espontáneo, es un mecanismo del yo, de desvío ,de rodeo que va a depender de la organizacion de defensas mas complejas.

         En un principio el niño juega sin decir “ dale que…..” , tan solo entra y sale de dicha zona. Más tarde en el juego o los cuentos será ese espacio irrepetible donde no se pregunta “esto es” o “vos lo hiciste”, directamente “se dice” o mejor “se hace” el “dale que…”

         La particular idea que tiene Winnicott del juego esta ligada a la idea de cura. Dicha cura se realiza en una zona de superposición. Hay dos que juegan. De lo contrario no hay cura. Esto que parece obvio en realidad no lo es.

 

         Con Freud recordamos a aquella joven histérica que sufría un dolor taladrante en la frente, dolor que la remitía al lejano recuerdo de una abuela desconfiada que la miraba con una mirada “punzante”. Interpretar esto ¿no es echar mano al mismo recurso que el chiste? Y si el chiste es una manera espontánea de burlar la represión ¿porqué una interpretación no puede ser, en algunas ocasiones un chiste, o un chiste funcionar algunas veces como interpretación?

         La creatividad se expresa, para el creador del psicoanálisis, particularmente en el aspecto formal, es lo que denomina prima de placer. Aquellos complejos o contenidos que repugnan a la conciencia pueden ser soportados e incluso disfrutados por el espectador de una obra teatral o literaria, si son tratados formalmente de una manera estética y aún es posible extraer placer de ello.

 

         En el juego por todos conocido, en el cual la consigna es “juguemos en el bosque mientras el lobo no esta”, el jugar  nos indica que el lobo no debe estar, o bien debe estar  disfrazado, o entretenido. Cuando el lobo aparece termina el juego y empieza la persecución.

         Siguiendo con el pensamiento de nuestro autor,el lobo debe ser tenido en cuenta para la cura en la medida que representa al peligro y la desconfianza que es tenido a raya por el juego propuesto.

         Sin el rodeo significante de que el lobo se esta poniendo las medias, la pregunta ¿lobo estas? Implica la posibilidad de seguir jugando, sin esto no hay juego, es decir sin “dale que…” tampoco habría cura. Si un terapeuta no puede captar una comunicación carente de sentido, si permanece en aquello que Pontalis denominó la máquina de significar, el paciente abandonará su zona de juego, o nunca podrá iniciarla.

         Es esta insensatez creadora, la que otorga la posibilidad de curar-cuidar. Pienso en las sesiones o supervisiones donde escuchamos algo similar a la pregunta acerca del lobo. Por ejemplo ¿porqué esos ojos tan grandes ? ¿por qué esa boca gigante? Preguntas en las cuales el paciente hace intervenir su desconfianza, y su deseo de  que el analista juegue sin hacer intervenir la retaliación.

         Analizar no es enseñar, participa del jugar, ese juego que permite parecer un lobo sin serlo, es decir usar ese lobo-objeto- para perderse sin temor a las consecuencias en un bosque que no es infinito, (me refiero a la sesion) y luego ser hallado en la pregunta deseada de “quien soy”.

         Creo que la intención de Winnicott al pensar en la creatividad como cura nos hace caer en la cuenta que vivimos en ese tercer espacio y no en otro lado. La salud consiste en que nuestros pacientes terminen “usando” su análisis y así más tarde puedan olvidar a su analista, ya que el juego continua en otro lugar.

         Otro ejemplo posible de juego creativo es en relación al teatro o a la literatura adjudicar el deseo a otro yo (el héroe, un personaje, o un conjunto de personajes, que implican la fragmentación del yo) con el que se establece una relación de identificación pero, también de ajenidad, con el que se juega un como si, nuevamente un “dale que” que acerca y separa la acción al mismo tiempo.

         Así como se usa en los niños títeres y juguetes como elementos intermediarios que representan a su yo y que permite desnudar sus conflictos, en los adultos el relato de películas, obras de teatro, chistes o incluso sus propias producciones artísticas pueden revelar cuál es su núcleo conflictivo más allá del alcance de su conciencia.

         De esta manera la creación ya sea por el tratamiento formal, por su encubrimiento del yo del autor en los personajes, el dale que el lobo no está, por su carácter de juego o de “cómo si”, así como la revelación de la tendencia del chiste pueden permitir el acceso al inconciente por un camino tan “real” y elaborativo como el del sueño.

 


Ir al principio | página de inicio